Uno de los conceptos fundamentales para la comprensión de la astronomía observacional es que los principales cuerpos del Sistema Solar, los planetas, la Luna y el Sol, se desplazan aproximadamente en un mismo plano. Esta configuración geométrica explica la ocurrencia de fenómenos como los eclipses solares y lunares, los cuales, si bien no se producen todos los meses, dependen directamente de dicha alineación.
Este plano recibe el nombre de eclíptica y corresponde, en primera aproximación, al plano definido por la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Las órbitas de los demás planetas presentan inclinaciones relativamente pequeñas respecto de este plano, lo que permite que, desde la Tierra, aparezcan frecuentemente alineados en una franja bien definida del cielo.

Figura 1: Esquema conceptual de la eclíptica y de la disposición aproximada del Sol, la Luna y los planetas en un plano común (no a escala).
Para facilitar la comprensión de este concepto desde una perspectiva cotidiana, es posible recurrir a analogías espaciales simples. En el caso de una observación realizada desde Santiago de Chile, se puede imaginar al Sol situado en un punto fijo de referencia, por ejemplo, la estación de metro Baquedano, y proyectar las posiciones relativas de los planetas a lo largo de una línea que representa la eclíptica.

Figura 2: Analogía urbana para ilustrar la proyección de la eclíptica desde Santiago.
Durante la observación se identificaron tres objetos cercanos al horizonte y claramente alineados: Mercurio, Venus y la Luna. La clave consistía en verificar si dicha alineación coincidía con la posición esperada de la eclíptica en el cielo.

Figura 3: Observación de Mercurio, Venus y la Luna próximos a la eclíptica.
Para corroborar esta identificación, se compararon las distancias angulares aparentes entre los objetos observados. En particular, se analizó la separación entre Venus y el punto más cercano a la eclíptica, así como la distancia relativa entre Venus y la Luna, obteniendo valores consistentes con la geometría esperada.

Figura 4: Comparación geométrica de las distancias aparentes entre Mercurio, Venus y la Luna.
Finalmente, la observación fue contrastada mediante el uso de Google Sky Maps, ampliando la visualización más allá de los planetas visibles a simple vista. Esta verificación permitió confirmar que el objeto identificado correspondía efectivamente al planeta Mercurio.

Figura 5: Confirmación de la identificación planetaria mediante Google Sky Maps.
Este ejercicio ilustra cómo, a partir de observaciones directas y conceptos geométricos elementales, es posible comprender la disposición del Sistema Solar y reconocer planetas visibles a simple vista. La astronomía observacional, en este sentido, se presenta como una disciplina accesible que permite vincular la experiencia cotidiana con principios fundamentales de la mecánica celeste.